Holanda. Siglo XVII. ¿Cambian una casa por un tulipán?

¿ Cambian una casa por un tulipán ?

Suponemos que todo el mundo sabe lo que es un tulipán. En caso contrario, nos referimos a la flor. Esa tan hermosa de la imagen de cabecera de esta entrada. Nada que ver con la margarina de nombre homónimo. Ni con el anuncio del helicóptero o chistes malos relacionados. Joe… ya tenemos unos años.

El caso es que vamos a hacer un ejercicio de ciencia ficción. Nos situamos en la Holanda del Siglo XVII.

Estamos en Ámsterdam, 1635. En una taberna. Por supuesto. Una vez cerradas las bibliotecas, el sitio más adecuado para aprender de la vida. Nos pedimos algo para beber. El tabernero, de apellido Heineken, nos sirve una cerveza de elaboración propia. Está trabajando en una fórmula que unos  de sus descendientes, Gerard Adriaan Heineken, hará famosa allá por 1873.

Nos sentamos en una mesa y no podemos evitar oír la conversación de la mesa de al lado:

  • «Te cambio el bulbo de tulipán por un casa».»
  • «La casa y 100 cerdos»
  • «50»
  • ¡¡¡¡Hecho!!!

¿De verdad? «¿Cambian una casa por un tulipán?». ¿Verdadero o Falso?

La realidad es que es VERDADERO. 

Podríamos decir que es una de las primeras burbujas «financieras» de la historia.

La especulación con bulbos de tulipán llegó a tal extremo que, en el momento más álgido de la misma, llego a pagarse 6.000 florines por un ejemplar.

Para poner las cosas en contexto. Un trabajador «medio» podía cobrar 150 florines anuales. Aunque sé que domináis las matemáticas, os facilito el cálculo. 40 años de salario. No lo olvidemos. Por una jodida flor.

De hecho, la cosa fue aun peor.  La gente se llegó a hipotecar para pagar por adquirir contratos entre particulares que te daban derecho a adquirir bulbos que aun no habían nacido. 😯  Un mercado de futuros en toda la regla…

¿Qué mueve a una persona a realizar tamaña transacción? Pues la posibilidad de vender ese bulbo por más valor (mucho más) del que le ha costado. Y además rápidamente. Que es muy molesto, en las reuniones familiares, aguantar al cuñado presumiendo de las rentabilidades conseguidas. Si es que además, el tío es medio tonto.

Luego quedaría por ver por qué la especulación se dio con tulipanes y no con sandias.

Parece ser que los tulipanes eran muy apreciados por su belleza. Crecían con facilidad en los Países Bajos que, en aquellos momentos, tenían gusto por las flores exóticas (que eran síntoma de ostentación y riqueza).

El tulipán normalucho, no valía mucho.

Pero en tierras holandesas, los tulipanes sufrían alteraciones multicolores. Eran raras. Y eran irrepetibles. Hoy se sabe que era por culpa de un virus. Eran esos tulipanes los que se convirtieron en objetivo de especulación.

La avaricia, que no es pecado capital por casualidad. Hizo el resto. Así, hasta que alguien aplicó el sentido común.

¡¡¡Pero si esto SOLO ES UNA CEBOLLA!!! Y la burbuja explotó. Y se llevó el patrimonio de más de uno por delante. El de los de siempre, claro…

Y como los humanos no aprendemos de las hostias que se dan nuestros ancestros. Nos volvimos a tropezar muchas veces. Por nombrar algunas: 1929  (Wall Street), 1990 (Japón), 2000 (Punto.com), 2008 (Inmobiliaria)

Recuerda. No confundas precio por valor. Sentido común.

Hasta la próxima… ¡Aprovechad para leer!

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